Democratización de las Universidades

    Rosa Palma.

     La universidad venezolana, desde la fundación de la Real y Pontificia Universidad de Santiago de León de Caracas en 1721, hasta la conformación del actual subsistema de educación superior venezolano, que para el año 2005 estaba conformado por 06 universidades autónomas, 16 universidades nacionales experimentales, 24 universidades privadas, 09 colegios universitarios y 99 institutos universitarios, entre públicos y privados.

     La problemática de la educación superior, en el contexto de las exigencias que plantea la nueva realidad del siglo XXI, ha sido objeto de un amplio y reciente debate a nivel internacional, bajo la coordinación y auspicio de la UNESCO, cuyas ideas fundamentales han sido recogidas en la “Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción”, aprobada en la Conferencia Mundial sobre Educación Superior realizada en París (UNESCO, Octubre, 1998).

     La universidad venezolana de finales del siglo XX y comienzo del XXI, enfrenta dos tipos de situaciones que están íntimamente relacionadas; en primer lugar, están los problemas internos tradicionales, asociados con la gobernabilidad institucional, la democratización del acceso a la universidad, el desempeño del profesorado, la calidad y pertinencia del egresado, el desarrollo de la investigación, la pertinencia de la extensión y la eficiencia administrativa. En segundo término, están un conjunto de factores externos que plantean nuevos retos a la universidad; ellos son: la globalización económica, la sociedad del conocimiento y la revolución de la información y la comunicación.

     A partir de la década de los años 60, se observa un acentuado crecimiento de la matrícula universitaria, en el contexto de una política de ampliación de oportunidades educativas extensivas a todos los estratos de la población, lo cual respondía, por una parte, a la exigencias de consolidación de un nuevo proyecto político de carácter democrático representativo y, por la otra, a la reorientación de la estrategia económica en el marco del proceso de modernización del país (Hung y Gamus, 1988). Sin embargo, se observa, especialmente, a partir de la década de los años 70, que esta tendencia creciente de la demanda de educación superior ha continuado aumentado considerablemente, muy por encima de la oferta, hasta llegar a generar la crisis recurrente del cupo universitario que se aprecia anualmente en el país. Da la impresión que ha existido poco interés en los gobiernos de turno y en el sistema universitario mismo para ofrecer una solución adecuada y definitiva al problema.

     El perfil del egresado de la universidad venezolana varía en calidad y pertinencia dependiendo del tipo de universidad y del área del conocimiento del que se trate. Hay universidades cuyos egresados son altamente demandados en el contexto nacional e internacional en carreras de corte tecnológico (ingeniería electrónica, de computación, de telecomunicaciones), lo cual habla por sí mismo de los niveles de calidad y pertinencia del egresado. No obstante, esa no pareciera ser la situación en que están la mayoría de las universidades. Antes, por el contrario, la impresión que se tiene es que el nivel de calidad es moderado con tendencia a deficiente y en muchas oportunidades con limitada o ninguna pertinencia social.

     Un criterio tradicionalmente utilizado para estimar que la Productividad Investigativa en la Universidad PIU consiste en relacionar el número de artículos publicados en revistas arbitradas divididos por el total de profesores que conforman la comunidad académica.

     Aun cuando las universidades concentran la mayor proporción de investigadores del país, internamente representan una minoría de la planta académica. En el año de 1995, cuatro universidades nacionales concentraban más del 69 % de los investigadores del subsistema de educación superior. El número de investigadores acreditados en el PPI en estas universidades era el siguiente: UCV: 244; USB: 200; ULA: 164 y LUZ: 126 (Machado-Allison, 1996). Dentro de las universidades nacionales, la mayoría de los investigadores (37,4%) pertenece al área de Ciencias Médicas, Biológicas y del Agro; le siguen los que están en Ciencias Físicas, Químicas y Matemática con un 24%; Ciencias Sociales con un 20%; e Ingeniería, Tecnología y Ciencias de la Tierra, con un 18,6% (Vessuri, 1996).

    Las nuevas realidades asociadas a la transición hacia el tercer milenio en el que se debe desempeñar la Universidad, se caracteriza por procesos de cambios acelerados e incertidumbre en todos los órdenes del acontecer humano. En esta etapa de transición la universidad debe atender tres retos fundamentales, a saber: frente al fenómeno mundial de la globalización, ante la preeminencia del conocimiento como recurso fundamental para impulsar el desarrollo y frente a la revolución de la información y la comunicación.

     La presencia de un Gobierno socialista y participativo, aunado a nuevos centros de educación superior y múltiples oportunidades, ha permitido que en los últimos 16 años, la sociedad venezolana concrete su educación superior, situación que anteriormente no ocurría.

     Se estima que para 1999 solo estaban registrados 668 mil 109 estudiantes en el sistema universitario del país, cifra que quedó cuadruplicada en el 2007, al contabilizarse 2 millones 135 mil 146 estudiantes, según datos ofrecidos por el entonces ministerio del Poder Popular para la Educación Superior (MPPES).

     El incentivo primordial para el ingreso a la educación superior se da cuando el comandante Hugo Chávez, líder de la Revolución Bolivariana, decreta, como política de Estado, la inclusión de los miles de jóvenes y adultos que se encontraban ausente de la educación y eran calificados como “población flotante”.

    La creación de la Universidad Bolivariana de Venezuela, la Misión Sucre en el 2003, la implementación de la Misión Alma Mater, la apertura al público en general, en 1999, de la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional (Unefa), fueron factores determinantes a la hora de buscar alternativas de educación superior.

     Asimismo, el otorgamiento de becas de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, Misión Sucre y demás universidades y centros universitarios del país, sirvieron como incentivo a los miles de personas que por problemas económicos, no continuaban sus estudios.

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